Page 19 - Tendencias 2025
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PRÓL OGO
La situación es insostenible y España no puede mirar hacia otro Tampoco Europa debe ser ajena a los discursos autoritarios, revi-
lado. Somos un país comprometido con los derechos humanos. Lo sionistas y negacionistas que resurgen en muchos países. Si algo
hemos demostrado siempre que hemos tenido ocasión. Reconoci- hemos aprendido los españoles en estas décadas de progreso es
mos en mayo del año 2024 el Estado palestino, y tras la última que las conquistas democráticas no son irreversibles. No hace
asamblea de la ONU, somos 157, una gran mayoría de países, los falta acudir a los libros de historia porque nuestros padres y abue-
que hemos dado ese paso. Además, España ha puesto sobre la los saben perfectamente lo que significa vivir en otra España.
mesa embargos a la venta de armas a Israel y sanciones individua-
les a quienes se empeñan en obstaculizar su viabilidad. Cuando en nuestra sociedad proliferan discursos que banalizan el
franquismo, que cuestionan los derechos de las mujeres, que ata-
Porque la paz no puede ser selectiva. Los valores que construyen can a las minorías, que llaman “libertad” a lo que es privilegio, y
Europa -y que construyen la democracia- solo tienen sentido si se “orden” a lo que es imposición, no podemos ser ingenuos. Ni cíni-
aplican siempre, y en todas partes. Europa no puede ser ajena al cos. Ni tibios. Debemos reaccionar.
sufrimiento de nadie y especialmente al de quienes comparten con
nosotros la orilla mediterránea. España desde luego no lo va a ser. Porque no hay democracia si se niega la violencia machista. No hay
democracia si se discrimina a los inmigrantes. No hay democracia
si se ridiculiza el sufrimiento de las víctimas de la dictadura. Y
tampoco si los poderosos se creen por encima de la ley. Por eso,
defender la democracia es también defender la igualdad. El respe-
to. La dignidad humana. Lo contrario es abuso, es privilegio, es
autoritarismo encubierto.
Por eso, recordar de dónde venimos no es un ejercicio de melanco-
lía. Es un ejercicio de responsabilidad. Porque si hoy millones de
personas pueden amar libremente, protestar sin miedo, votar sin
imposiciones, estudiar en su lengua, formar una familia sin discri-
minación, o vivir sin permiso ajeno, es porque otros antes lucharon
para que eso fuera posible.
Recordar de dónde venimos debe ser igualmente un ejercicio colec-
tivo, un asunto de Estado. Algo que trascienda la táctica política
para ser el común denominador de nuestro sistema. Sería conve-
niente que la derecha tradicional no se contagiara de la amnesia
que pretende la ultraderecha y se distanciase, también ideológica-
mente, de ella. Ponerle freno ahora es impulsar la democracia en
el futuro.
Esa es la gran lección de estos 50 años. Que los derechos no caen
del cielo. Se conquistan y se defienden. Se ensanchan, al compar-
tirlos, y se renuevan. Cada generación tiene el deber de proteger lo
logrado y de ir más allá. No basta con heredar la democracia: hay
que sostenerla, mejorarla, hacerla más fuerte, inclusiva y justa.
Que los próximos 50 años nos encuentren, como sociedad, tan
valientes como lo fueron quienes nos trajeron hasta aquí. Que nos
encuentren ampliando derechos, cerrando brechas, reforzando
nuestro Estado de bienestar. Y, sobre todo, defendiendo esa idea
simple y poderosa que nos trajo hasta aquí: que una España libre,
justa y solidaria no solo es posible sino necesaria. •
Que los próximos 50 años nos
encuentren, como sociedad,
tan valientes como lo fueron
quienes nos trajeron hasta
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