Page 70 - Tendencias 2025
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TENDENCIAS
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gía del país y el 25% de la electricidad libre de emisiones. Operan
el 83% de las horas del año y permiten mantener un suministro
constante. No hay país serio en Europa que esté clausurando una La pobreza no se combate
fuente energética segura, limpia y barata mientras los precios si-
guen siendo un lastre para las familias y las empresas. con anuncios. Se combate
con oportunidades, con
En 2024, con las nucleares aún abiertas, ya hemos vivido cuatro
interrupciones industriales por riesgo de corte eléctrico. El gran educación, con conciliación,
apagón del 28 de abril fue el símbolo más gráfico de esta deriva.
Un día sin luz, sin información, sin explicaciones y, por supuesto, con empleo digno, con
sin dimisiones. En pleno siglo XXI, en un país europeo, los 49 millo-
nes de personas que viven en este país se quedaron a oscuras. No vivienda accesible; en
fue un accidente técnico: fue la consecuencia de una política ener-
gética frívola, improvisada y subordinada al dogmatismo. Y mien- definitiva, con estabilidad.
tras eso ocurría, el Gobierno mantenía silencio durante horas. No
pidió perdón, no dio respuestas, no activó protocolos. Y, lo peor de
todo: no ha reconsiderado su planificación energética cuando a día
de hoy nadie puede exculpar a esa política del apagón inédito en
un país desarrollado.
Frente a eso, hemos registrado una proposición de ley para prolon-
gar la vida útil de las instalaciones nucleares. Porque mantener
operativas estas centrales no es una opción ideológica, sino una
necesidad estratégica. En un mundo donde la autonomía energéti-
ca es clave para la soberanía nacional, renunciar a una fuente na-
cional, estable, constante, segura y sin emisiones es una temeridad.
Hoy, más de veinte países europeos han asumido que la nuclear
forma parte de su seguridad energética, con la vecina Francia lide-
rando la inversión continental en reactores nucleares. Pero la lista
es larga: Polonia, Reino Unido, Rumanía, Suecia, Finlandia, Repúbli-
ca Checa. Sólo España opta por lo contrario.
La energía nuclear emplea a 28.000 personas entre empleos direc-
tos e indirectos. Almaraz, por ejemplo, produce el 7% de la energía
nacional y su cierre supondría la pérdida de más de 3.000 empleos.
La exministra Teresa Ribera —que en España planificó el cierre de
las nucleares— negocia en Europa su promoción, financiando en
Bruselas lo que aquí demoniza ante su electorado. Es su sustituta,
Sara Aagesen, quien debe decidir si quiere repetir esa contradicción
o si, por fin, va a defender lo que interesa a España.
La realidad es que el cierre nuclear no obedece a razones técnicas
ni económicas. Obedece a la ideología y, además, incumple todos
los compromisos asumidos por el propio Gobierno. El Plan Nacional
Integrado de Energía y Clima no se ha cumplido: ni en almacena-
miento, ni en solar, ni en eólica, ni en interconexiones. Las inversio-
nes alternativas no han llegado. El plan de cierre se construyó sobre
una promesa que ha resultado falsa. Y mantenerlo hoy es castigar
a las familias con más gas, más emisiones y más factura. Prolongar
la vida útil de las nucleares no es lo contrario a las renovables, sino
la única forma de desplegarlas con seguridad y sin hundir a los
consumidores.
En la misma dirección apunta la total ausencia de política hídrica
de este Gobierno. Porque lo cierto es que en España no sobra agua,
pero falta política de altura, política con visión de país, política que
no enfrente territorios ni enfríe las soluciones por razones ideoló-
gicas. Por eso llevo prácticamente desde mi llegada al mascarón
de proa del PP ofreciendo formalmente un Pacto Nacional del Agua
que entienda este bien esencial como un recurso estratégico que
debe gestionarse con solidaridad, ciencia y sentido común.
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