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AR TÍCUL OS DE
OPINIÓN
Alcanzar este propósito requiere impulsar la Historia Pública, es
decir, la práctica de aplicar la investigación, los métodos y la inter-
pretación histórica más allá del ámbito académico, implicando a
públicos diversos en la comprensión, la preservación y el uso del
pasado. Debemos llevar la universidad a las calles y las calles al
aula: abrir archivos, organizar recorridos por lugares de memoria,
debatir a partir de fuentes y documentos, pero también a partir del
arte (de la literatura, del cine, del teatro, de la música…), escuchar
los testimonios sin convertir el dolor en espectáculo. La Historia
Pública no es una moda académica: es una necesidad democrática.
Y es precisamente en esta dirección en la que hemos venido traba-
jando durante los últimos meses y por eso trabajos en torno a
cuatro áreas estratégicas:
1) Ceremonias y conmemoraciones oficiales, para recordar, reparar
—en la medida de lo posible— y celebrar. Para recordar la priva-
ción de derechos bajo el franquismo y la lucha de tantos hombres
y mujeres anónimos por la libertad y la democracia; para reparar el
daño infligido a las víctimas de la dictadura; y para celebrar cuánto
hemos avanzado como país a lo largo de las últimas cinco décadas.
Conmemoraciones, homenajes, actos de recuerdo y reparación,
incoaciones de expedientes de declaración de Lugares de Memoria
Democrática, celebraciones… Espacios, en definitiva, para la me-
moria y la educación, para la dignidad y el encuentro.
2) Juventud y democracia, para abrir espacios de diálogo con las
nuevas generaciones —con quienes nacieron en democracia y a
veces la dan por sentada. Hablar con ellas y ellos del pasado, del
presente y del futuro y, sobre todo, aprovechar esta conmemoración
como una oportunidad para reforzar y reafirmar los valores demo-
cráticos, el respeto al otro y la convivencia pacífica.
3) Pasados incómodos, futuros posibles, para compartir con el pú-
blico los hallazgos de investigadores y especialistas sobre el pasa-
do reciente de España, especialmente en relación con la dictadura
franquista y la Transición. Queremos aprender de las experiencias
internacionales, reinterpretar los espacios asociados a la dictadura
a través de la reflexión colectiva, analizar el pasado como lugar de
trauma y reflexionar sobre el papel del arte como herramienta de
resistencia y transformación.
Y 4) Memoria(s) popular(es), para visibilizar la memoria popular más
allá de las narrativas oficiales y reconocer tanto la memoria colec-
tiva como la individual como partes de una perspectiva plural sobre
el pasado. En el marco del rigor que exige la Historia Pública, bus-
camos poner en valor la memoria colectiva como herramienta de
diálogo con los acontecimientos que condujeron a la democracia
entre 1975 y 2025, analizar el contexto actual e imaginar los nuevos
problemas y dilemas que definirán la democracia de los próximos
cincuenta años.
Y en esas líneas hemos programado, entre otras muchas cosas, el
ciclo cinematográfico “Imágenes para un país en libertad. Cine,
Ciudadanía y Democracia (1975-2025)’” en la Filmoteca Española;
hemos lanzado el ciclo de mesas redondas “La conquista de la li-
bertad de expresión” para hablar de la prensa de la Transición;
hemos colaborado con exposiciones como “De coros, danzas y ol-
vidos” (Museo Nacional de Antropología), “Eroding Franco” (Minis-
terio de Transición Ecológica) e “Inquietud. Libertad y Democracia”
(La Casa Encendida) y avanzado en el reconocimiento de Lugares
de Memoria Democrática —desde el monumento “El abrazo” en
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