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TENDENCIAS
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Queremos recordar también a las que hubieron de marchar al exilio
tras el golpe de Estado y la derrota republicana en la Guerra Civil
española: las mujeres que lideraron la modernidad española en los
años 20 y 30 del siglo XX, las referentes culturales del feminismo
español, las María Zambrano, las Maruja Mallo, las María Teresa
León, las Victoria Kent, las Victorina Durán, y otras tantas cuyos
nombres ni siquiera conocemos. Vidas marcadas por heridas histó-
ricas, alejadas de sus países de origen, de sus familias, de sus in-
fancias y juventudes por “kilómetros de tiempo”, en la expresión de
Carmen Castellote, la última poeta viva del exilio. Mujeres, niñas,
que en demasiadas ocasiones han quedado en un segundo plano.
Y es que si los escritores españoles forzados al exilio perdieron su
patria, ellas sufrieron una doble penalización, por ser víctimas tam-
bién del patriarcado, la indiferencia y la desconsideración.
Buscamos crear, de algún modo, una genealogía feminista, una
identificación retrospectiva, una subjetividad de reconocimiento
individual y colectivo. Deseamos construir puentes con el pasado
a través de ejemplos que nos enseñen e inspiren, que nos emocio-
nen, con los que podamos sentirnos identificadas. Se trata, en
definitiva, de hablar de otras formas de hacer, pero también de in-
vestigar, de ejercer la escucha activa, de ser curiosas.
Porque memoria histórica puede ser algo tan simple como hablar
con nuestras madres y abuelas. Escucharlas contar cómo no pudie-
ron comprarse la máquina de coser con la que habría podido redon-
dear la exigua economía familiar porque el abuelo no firmó el per-
miso para el préstamo del banco; descubrir que la anciana que vive
en el piso de al lado estuvo a punto de morir desangrada por un
aborto ilegal o que las dueñas del bar de abajo, que están a punto
de jubilarse a sus setenta años, tuvieron que besarse siempre a
escondidas durante su juventud porque su amor era no sólo pecado
si no también delito. Es hablar de represión sexuada, es poner sobre
la mesa temas silenciados, es, entre otras cosas, reconocer como
víctimas de la dictadura a las supervivientes del Patronato de Pro-
tección de la Mujer (y a las que ya no viven).
Resulta especialmente preocupante el desconocimiento que sigue
existiendo sobre la represión específica del franquismo sobre las
mujeres, y el Patronato es, sin duda, uno de los mejores ejemplos.
Soy licenciada en Historia, y doctora en Historia contemporánea.
Estoy especializada en Historia de España del siglo XX. Y aun así,
no fue hasta hace un par de años cuando escuché hablar del Patro-
nato por primera vez. Fue gracias a la periodista y documentalista
Isabel Cadenas y a su extraordinario pódcast de no ficción narrati-
va De eso no se habla, un podcast que se centra en temas que
abordan los silencios personales y colectivos. El del Patronato era,
es, sin duda, una de esos grandes silencios personales y colectivos
de nuestra historia reciente.
La segunda temporada de De eso no se habla cuenta con dos epi-
sodios en torno al Patronato, englobados bajo el significativo sub-
título de “Perdidas”. El primero, se centra en la historia de Consue-
lo García del Cid, a la que su familia la recluyó en uno de los centros
del patronato por rebelde, por progresista. Por llevar minifalda, por
asistir a manifestaciones contra la pena de muerte, por salirse del
rol que se esperaba de ella como mujer de familia conservadora. El
segundo capítulo se centra en Dolores Gómez, Loli, que tuvo a sus
dos hijos en uno de los centros del Patronato, Peñagrande. La his-
toria de Loli merecería un artículo solo para ella. Es la historia de
los abusos sexuales de un padre a su hija desde la infancia, de un
embarazo con 14 años fruto de esas violaciones, del ingreso en el
Patronato, de nuevos abusos del padre, incluso cuando se encon-
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