Los muros de Peironcely 10 han sido testigos del lento y constante paso del tiempo. Han visto la metralla hiriendo su rostro con la mirada perdida de dos niños que jugaban inocentes bajo la negra noche de la guerra. Han sido parte de la anexión de Vallecas a la gran urbe y también de la llegada de los hijos del hambre que buscaban huir de la miseria del campo desde todos los puntos del país.
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